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ABRIL / April |
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MANOLO RAICES |
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ELIGE / Chooses |
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'SUICIDA I' |
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| 1952 Monforte de Lemos. |
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Médico de familia |
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Otoño, amanece sobre la Casa de Campo. Las noches ya enfrían Madrid y el sol todavía no calienta. Un
hombre sobre el alero de un tejado calcula la distancia al suelo. Se
siente cómodo. Mantiene los codos flexionados y las palmas plegadas
sobre sus trapecios. Su desesperanza puede terminar en segundos. -¡Por
Dios, que alguien avise a los bomberos! Descargan
las nubes de otoño. Invierno.
El sol desaparece sobre la Casa de Campo más temprano de lo imaginado.
Se oculta tras el horizonte impregnando los cirros y el ambiente de una
pátina ambarina. Helará esta noche. Un
hombre sobre el alero de un tejado vuelve a calcular la distancia al
suelo. Cuando el sol se hunde, ejerce sobre el alero de funambulista;
atleta sobre la barra fija o quizá baile. No tiene problemas aunque su
situación allí haría predecir lo contrario. -¡Está
completamente loco!. Se
hinchan los renuevos. Primavera,
amanece y un cielo plomizo anuncia agua. El viento al atardecer impide
que las nubes de evolución diurna descarguen sobre la Casa de Campo. Un
hombre sobre el alero de un tejado se odia, no puede recordar la
distancia calculada al suelo. Con las manos entrelazadas, con los
antebrazos en línea, apoyados en la nunca se culpa de su situación, su
estado afectivo, su ubicación y su… vida. Todo en el límite del
alero. -¡No
saltará! ¡no!. A
lúa bótase fora. Se
elongan los brotes. Han
pasado tres estaciones, un depurado estudio de la luz, un exquisito
control de las formas y docenas de pinceladas deslumbrantes. Y oye bajo
y a lo lejos: “¡Por Dios que alguien avise a los bomberos!”. Es
otoño y amanece extendiéndose débilmente la luz sobre la Casa de
Campo. La noche ha sido fría y los primeros rayos de sol no calientan
su espalda pero se siente cómodo con los codos flexionados y las palmas
plegadas sobre sus trapecios. -¿Qué
hace? Piensa
que no se va a quedar allí “pasmado” todo el día y tiene la
sensación de que los últimos segundos han durado meses. -¡Está
completamente loco! -¡No
saltará!, ¡no!. Es
el único que confía en sí mismo, maldice a los que no lo hacen y se
ve abocado al suicidio. Y quiere terminar y dejar se sufrir. -¡Oye,
que salta el tío!. Descargan
las nubes de otoño
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